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| Restaurante El Rincón |
| -Judías verdes como espárragos- |
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Joaquín Coll \ El restaurante El Rincón de Barbastro, está situado en la prolongación del puente de San Francisco y su buen funcionamiento obedece al impulso de un empresario de notable y dilatada experiencia profesional. Se trata de un establecimiento con una filosofía de servicio donde prima la satisfacción del cliente sobre las rimbombancias, y que dispone de un menú solvente y apetecible.
Estamos ante un comedor que lleva algunas décadas de evolución en varias localizaciones, sin que la dirección haya abandonado esa cultura del esfuerzo tan ausente en este mundo de empresarios que sueñan con pelotazos y obreros que sólo piensan en la primitiva.
Entro a pormenorizar una comida que celebramos en ese restaurante estos días pasados.
Empezaré diciendo, que cuando uno quiere tomar el pulso de cualquier restaurante debe prestar atención especial a los platos humildes. Por esa razón inicié mi trabajo con uno de apariencia y diseño tan sencillo como unas judías verdes con patata. Un preparado, cuyo genérico de verduras cocidas, constituye un hito gastronómico y un hallazgo que seguimos celebrando varios milenios después.
Para empezar, las judías verdes lucían ese verde brillante exigible en cualquier comedor que lo sea y presentaban la tersura propia de la verdura al dente. De hecho, las vainas conservaban todavía el amargo propio de los turiones de espárrago y estaban rodeadas de unos trozos de patata asada salpicadas de pequeñísimas virutas de jamón. Para hacerlo redondo, las judías pude aliñarlas con un chorrito de aceite crudo, un afrutado aceite de oliva verdeña, que raramente está a disposición del comensal un una mesa pública.
Entramos en el siguiente (bacalao asado), con inmejorable ánimo y sin mengua de interés. La pieza de bacalao estaba rebozada, y aunque no tan redondo como las judías, (tal vez algo aceitoso), la presentación del plato y la calidad eran aceptables. Se acompañaba el pez con un poco de cebolla confitada y unas tiras de pimiento.
Finalmente, con delicados aromas de mantequilla y aguardiente de Potes, el orujo pasiego que nos sirvieron de postre poseía los sabores más nobles de la vieja Cantabria.
No quiero pasar por el alto, el pastel de patata, una especialidad de la Casa a la vez selecta, elaborada, sutil y contundente. Se recomienda el plato especialmente a los jóvenes que gustan llenar la andorga, pero también a los expertos que apreciarán un plato que ya es tradicional en Barbastro, por lo apetitoso, bien presentado y resuelto.
Alegramos la comida con un vino excepcional, (fuera del menú); un Mipanas, (Somontano cosecha 2007) serio y pletórico de aromas. Mipanas es una bodega cuyo tamaño y producción permiten una elaboración cuidada. Madurado en roble francés de Allier, la presencia de esa excelente madera no encubre la percepción de las delicadas notas frutales (Syrah, Cabernet, Merlot).
En fin, un menú de 14 euros, con un nivel de calidad y de servicio absolutamente por encima de su precio. De todo punto muy recomendable. |
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