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D. Adolfo Dominguez
- Menúdo pájaro-
Carlos Allué \ Cuando los más objetivos analistas ( para que entiendan, los que no están a sueldo de los medios y poderes fácticos, que es como decir lo mismo), ya vislumbran que la crisis del sector privado, esto es, bancos, hipotecas basura, burbujas inmobiliarias, está a punto de trasladarse- sino se ha trasladado ya- a los Estados y sus emisiones de deuda ( España, Grecia y Portugal sólo es la punta del iceberg de lo que queda por venir), como consecuencia de haber tapado estos con su capacidad de crédito el descalabro de la economía de mercado, tal como la entendemos ( ahora, todavía), acaba de salir a la palestra el profeta del cambio y el salvamento de la economía española: se llama Adolfo Domínguez, el diseñador y el modisto. Si señores, ése, el que explota a los trabajadores asiáticos que por muy poco fabrican sus prendas para que los niños monos se las pongan y presuman en España, a precios asequibles. Pues verán, en mi anterior artículo les decía que determinado sectores del empresariado quieren hacer de España una nueva China : o lo que es lo mismo, bajísimo salario, largas jornadas y producto barato, para que cuatro se forren. Y eso es lo que ha dicho el ínclito empresario, así sin más : despido libre sin indemnización, y sin control administrativo o judicial ( así, como lo oyen). Vamos, que incumples un contrato de arrendamiento y claro, la otra parte tiene derecho a una indemnización, o si a un modista le entregan tarde una tela en un contrato de compraventa, también ; pero nada, si él, el ínclito Domínguez, compra la fuerza de trabajo de un trabajador por 3 años ( es un ejemplo), que es lo único que tiene, y porque le conviene lo pone en la calle a los seis meses, pues nada, a callar y tragar sin indemnización. En resumen, toda una proclama para la vuelta a la esclavitud, como en Roma, que entonces sí que se producía, y no como ahora, que hay tantos derechos y tantos jueces. El alabado Derecho Romano era para los ciudadanos y los patricios, los esclavos sólo eran cosas, igual que un semoviente.

La culpa de todo, la tiene los niños monos que le compran a este indeseable sus prendas. Detrás de ellas está este tipo y miles de trabajadores explotados. En lo que a mí se refiere, jamás compraré una prenda de Adolfo Domínguez, y deseable sería que con la libertad de mercado en la mano, que tanto reivindica el tipejo, todos hiciéramos lo mismo. Propongo desde ya, una campaña contra el nota éste, a ver qué tal le va una ración de su propio mercado.
Revista de prensa

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