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-Artículo de Sol Otto Oliván-
Sol Otto \ Uno de esos catarros que duran y duran me obligó el pasado sábado a estar en el sofá frente al televisor más tiempo de la cuenta y, por ende, hice eso que critico yo siempre: cambiar de canal convulsivamente en busca de algo inexistente. Entre cambio y cambio, aterricé en una especie de feria caballar en la que una señora de edad indefinida – resulta ahora muy arriesgado pronunciarse sobre la edad de cualquiera de estos personajes televisivos que cincelan su rostro hasta la nausea- lloraba desconsolada porque televisión española no quería dejarla ir a Eurovisión. Yo, qué quieren, no tenía más información y mi primera impresión fue la de alabar a televisión española porque aún me debe de quedar algo de orgullo patrio primitivo y pensar que podíamos hacer la risa con mucho más salero aún que con aquel “ chiquilicuatre” me hizo decantarme a favor del ente público. Pero la cosa no quedaba ahí, la señora en cuestión, presente en el programa que pasaba aquellas imágenes de los lloros cuando le comunicaron la decisión los de la tele, estaba ya muy repuesta e hizo una cerrada defensa de su derecho a presentarse y aún a ser elegida, anunció acciones legales contra televisión española, dijo que esa actuación había sido, ojo, “anticonstitucional” y va a pedir el oro y el moro por semejante hecho que, según decía, vulnera todos los derechos ciudadanos y algunos más que recitaba ella y a mí me parecieron de creación propia. En aquella información, cuando sacaban trozos de otras tertulias anteriores- se ve que la cosa viene siendo tratada con fruición desde hace días- la señora en cuestión discutía con otra, o sea, gritaba como una posesa, diciendo que cualquiera podía ser artista y ella era ya periodista – como si eso fuera un plus-y podía ser artista si le venía en gana. Y claro, tenía razón, el que no es artista en este país nuestro es porque no quiere, que para hacer la risa estamos todos muy bien dotados. Eso y los aplausos de las gentes del programa me tenían tan asombrada que seguía viendo y oyendo toda aquella feria del disparate patrio. El caso es que a la señora en cuestión todos la abrazaban y comprendían aquel llanto suyo al conocer su descalificación para ser nuestra cantante- embajadora en Eurovisión y, si alguna voz en contra se oía, ella pegaba cuatro gritos con una dignidad que podía parecer propia de una princesa de las de antes, pero que yo, qué quieren, sería la fiebre, ya digo, la identificaba como la de una rabalera de la peor calaña…No sé bien cómo acabó todo esto porque ya con la presentación me agoté bastante y luego venía un debate sobre la cuestión y una consulta popular y, además, entre las tertulianas expertas en la cuestión estaba otro fenómeno social de aúpa, que ha sido noticia por hacerse una cirugía completa de rostro y ahora lo es otra vez, al parecer, porque la justicia le ha dado la razón en un asunto de su hija del alma y se quejaba de que se había “infiltrado” ya la noticia antes de que ella pudiera sacarle el jugo. Y claro, una cosa es estar griposa y otra tener afectado el cerebro, que, de momento, no.
Me dirán ustedes que a mí qué me importa que, a la postre, el derecho a la libertad de expresión es de todos y para todos y que si no me gustan ese tipo de programas tengo el mando a mano para liquidarlos. Y dirán bien. Pero, qué quieren, a mí estas cosas me preocupan. Cuando a mí me educaron, la grosería, la zafiedad, los gritos en una conversación, las palabras gruesas, sin venir a cuento, eran reprobables y así lo asimilé; lo que entonces se llamaba decoro y hoy derecho a la intimidad, las buenas maneras, el cuidado de las expresiones orales, el amor a la palabra, en suma, me fueron inculcados y se han quedado conmigo. No se diga que este tipo de personajes son así porque son “ el pueblo”, como todos estos papanatas pregonan para seguir viviendo del cuento. No es cierto. Si el “pueblo” se identifica con ellos algo muy malo nos está pasando Yo, desde luego, que como ustedes, queridos lectores, también formo parte del pueblo, nada tengo que ver con esa feria. Y ustedes, que me siguen leyendo tampoco. Y hay que decirlo. Algo es algo.

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Revista de prensa

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