Algunas líneas casi no tienen usuarios


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Aragón
Víctimas de un modelo caduco
-Usuarios, concesionarias y DGA coinciden en la necesidad de reestructurar una red de transporte por autobús anticuada-
EPA \ La red de líneas de autobús en el medio rural de Aragón necesita una reordenación profunda, una revolución que ayude a desatascar un modelo que data de hace 50 años y que cuando se intenta retocar, en busca de la eficiencia económica, empiezan a aflorar el verdadero quid de la cuestión: su estructura era insostenible, con recorridos duplicados, itinerarios sin sentido que alargaban en exceso el tiempo de viaje y un sistema concesional apoyado en subvenciones millonarias que ya no satisfacen a las empresas, acuciadas por la crisis y un descenso del número de viajeros.

En el origen están las propias características del territorio: más de 1.200 núcleos de población muy diseminados, y con una media escasa de habitantes. Darles cobertura es complejo, pero no es razón para dejar a un pueblo sin autobús sin previo aviso, como pasó con los términos del entorno de Ejea.

Esta realidad, reestructurada el año pasado en busca de un mejor aprovechamiento de los medios disponibles, tiene tres puntos de vista: usuarios, concesionarias y Gobierno de Aragón, que es quien cubre el déficit. "Solo diez concesiones no son deficitarias y salvo de la Robres-Huesca, todas están conectadas con Zaragoza capital", informaron desde el Ejecutivo aragonés.

Por parte de los usuarios, las quejas tienen que ver, sobre todo, con las frecuencias y los tiempos de llegada a las localidades de referencia. Aunque en algunos casos son abrumadoras. En Calamocha, por ejemplo, el alcalde, Joaquín Peribáñez explica como "para venir desde Castejón de Tornos, que está a menos de 20 kilómetros, el autobús tarda hora y media. Lo cogen a las siete de la mañana porque solo hay otro más por la tarde, y si quieren ir a Teruel o Zaragoza, hay que hacer encaje de bolillos para el transbordo".

ALTERNATIVAS A LA DEMANDA

Otros, como David Ramo, vecino de Villanueva del Rebollar, ponen su monovolumen a disposición de los vecinos de la zona. Asegura que "sí hay demanda" y aunque es mucho más caro (más de 100 euros por ir a Zaragoza) dice que "la gente no quiere estar todo el día en la carretera o con transbordos cuando puedo llegar en una hora".

Él no cuenta con uno de los taxis rurales subvencionados, como el que tiene Javier Ijara, que dispone además de autobuses para la ruta Ariza-Calatayud. "Voy a pueblos del límite provincial con Soria y el viaje a Calatayud les sale por 4 euros", explica. Javier es uno de los pocos que siendo deficitaria la línea nunca ha pedido subvención "porque me pedían muchos papeles", pero "este año la voy a pedir porque ya no me llega ni para pagar el gasoil".

Como en Castejón suele pasar cerca del Pirineo, siendo más insoportable el recorrido por el estado de algunas carreteras. Allí ha empezado a proliferar el taxi. ¿No hay mejor servicio porque no hay usuarios o no hay usuarios porque no hay un buen servicio?

En la Dirección General de Transportes tienen claro que el cambio es necesario. También por el gasto. Para mantener el servicio se paga "hasta 17 euros por plaza ocupada en las rutas más deficitarias y 2,7 de media". Aún así, para el 2010 el dinero para subvenciones aumenta un 10% más, aunque la DGA ya advierte de que "ya veremos qué pasa con las de este año". Es un problema añadido: las empresas empiezan cuestionar la cuantía. Algunas aseguran que son "muy insuficientes y muy por debajo de los costes". Quizá por eso aumenta la rebeldía. Sea como sea, lo paga el usuario. Hay pocos, pero los hay.
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