|
|
| La protesta de los agricultores del Bajo Cinca |
| -Alguien ya duda de que el Mercado sea Dios- |
| |
|
| |
FD \ La protesta de los agricultores del Bajo Cinca (hacía años que no veíamos los tractores en las carreteras) es de lo más significativa, como en su día fue la huelga de los pequeños transportistas. El presidente de los camioneros lo dijo en su momento bien claro y nadie le escuchó : el problema es el mercado-dijo-, y reivindicó a continuación para las cargas una tarifa de precios mínima. Ahora los agricultores- más después del vendaval que ha sacudido las bases del neoliberalismo- al igual que los transportistas quieren unos precios mínimos de garantía, reivindicado así el papel del Estado como regulador. Todavía lo han dicho de forma tímida, pero se les entiende. En concreto han revindicado una ley de márgenes que establezca un máximo y un mínimo para cada uno de los eslabones de la cadena de distribución.
En síntesis: que el papel del Estado no ha pasado a la Historia, como algunos nos hicieron creer, y sigue siendo tan necesario para la Justicia y la Equidad, como nadie osó poner en duda hasta la caída del muro del Berlín.
Lo que los agricultores piden no es más que la extensión de lo que todavía figura regulado con el Salario Mínimo Interprofesional en las relaciones laborales. Hasta 1989, el agricultor podía vender su cosecha a quien quisiera, pero si los especuladores, aprovechándose de su necesidad pretendían pagarla a precios injustos, le quedaba la garantía de venderla al Estado por un precio justo de garantía.
Los fundamentalistas del Mercado acabaron con esta y otras medidas semejantes. De esta forma no sólo perjudicaron a los agricultores; también dañaron a los consumidores, ya que el Estado, ante una maniobra especulativa o monopolística en los precios de los productos agrarios, intervenía lanzando al mercado sus adquiridas reservas y contribuía a regular el precio.
Defender hasta hade poco este elemental principio de intervención estatal suponía que te tomaran por loco o te excomulgaran. Ahora ya se reivindica en calle por los agricultores de Fraga. Es cuestión de tiempo que la sensatez se imponga, y acaben dando risa determinadas opiniones, como que la que ayer mismo pudimos oír a un encorbatado economista en la cadena de TV INTER-ECONOMÍA: de un plumazo abolió el Derecho Laboral y la Seguridad Social, cuando dijo que, en su futuro, el contrato de trabajo desaparecerá para ser reemplazado por la contratación puntual y temporal de un servicio en función de la necesidad de un empresario. Algo así como- dijo textualmente- comprarme unos melones si los necesito. Y este sujeto, que equipara el hombre a la mercancía, se debe proclamar cristiano, no me extrañaría nada. |
|
|